Enrique Alcina Echeverría (Cádiz, 1963)

    Retransmitía de chico los partidos de chapas a un público mayormente imaginario. Pronto aprendió a cabrearse cuando el hombre del tiempo anunciaba lluvia para los sábados y a digerir las derrotas de patio de colegio y de subbuteo ante los compañeros, los amigos y los eternos rivales. Acudió por vez primera al estadio Carranza al compás del Cádiz en Tercera División, para qué vamos a engañarnos con alardeos galácticos, lejos aún del sueño del submarino amarillo que rubricó con una columna urgente escrita la noche del 21 de junio de 1991, fecha de nacimiento de la motonave cadista del vaivén, el altibajo y la religión futbolera al sur del sur del corazón de la alegría y el desempleo

     Fue él quien acuñó el término del legendario ritmo beatle gaditano, años después, insistimos, de saborear el agridulce sabor de la pérdida y el recuerdo, los logros del sol cuadrado y el atún embetunao

    Así que Alcina, veterano periodista y narrador, amigo íntimo de Bob Dylan aunque este aún no lo sepa, compartió Trofeos con su abuelo, que fue presidente del Cádiz, ascensos pioneros con su padre y enormes fracasos con su sombra homónima, hasta que descubrió a Mágico González y su vida cambió para nunca. A lo ancho de los años, el plumilla polifacético se dedicó a los géneros diversos de la escritura fugaz, de los sucesos a la cultura, los deportes y la política, y amén de firmar el nacimiento del Submarino casi por casualidad, lloró de entusiasmo y purgó las condenas perpetuas de aquella manera, escribió que te escribió crónicas gaditanas y cantó las cuarenta al olvido.

     Treinta y tantos años de trayectoria contemplan al gaditano, que ha publicado, antes de su soñado libro mágico, títulos sobre el Muelle de Cádiz o las Rosas & Mosquitos, un vistazo personal y colectivo a tres décadas de luces y sombras en la Bahía de Cádiz

 

 

Enrique Alcina
Publicado en
Editorial DALYA
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