La edición tradicional del libro en papel puede tener un aliado imprevisto para mantenerse en pie ante el empuje del libro electrónico. La investigación sobre el insomnio tecnológico determina la decisiva influencia de los libros electrónicos, tablets y pantallas de otros artilugios digitales en los problemas del sueño. Los últimos en sumarse a esta advertencia son los investigadores del Brigham & Women’s Hospital: “quienes antes de acostarse leen un libro en una pantalla tardan más en dormirse y tienen una alerta más ligera por la mañana que aquellos que leen un libro impreso”.


En 2012, Mariana Figueiro, profesora del Centro de Investigación de Iluminación en el instituto Politécnico Rensselaer, encontró que quienes utilizan una tablet por la noche habían suprimido los niveles de melatonina tras dos horas de uso. Investigaciones inéditas desde su laboratorio sugieren que los efectos son dos veces más fuertes en alumnos de instituto en comparación con los jóvenes veinteañeros, lo que eleva la preocupación por esta generación, acostumbrada a llevarse consigo los móviles a la cama.

Se impone tomas medidas juiciosas para evitar el insomnio tecnológico, como reducir el brillo de las pantallas al menos dos horas antes de dormir, si fuera posible evitarlas. Y leer antes de dormir unas páginas de un libro… de papel.

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