(Resumen y traducción libre de “Women's appetite for explicit crime fiction is no mystery“ de M. McGrath)

Sumando todos los géneros literarios, sólo un tercio de los autores son mujeres, y la desproporción se mantiene en los medios de comunicación. Sin embargo, en la suma de autores y lectores de novela negra, la parte femenina es mayoritaria. Las mujeres aman la novela negra, y no sólo en las versiones menos agresivas. Se percibe una tendencia hacia la lectura de relatos explícitos de asesinato, violaciones y torturas inducidas por las mujeres, al contrario de los que se podría pensar. ¿Por qué?


Primero porque la mujer entiende mucho mejor que el hombre a vivir con el miedo. Desde niñas, las mujeres beben con el temor en la leche materna y reciben mensajes acerca de su vulnerabilidad. Aprenden a interpretar el mundo a través de esa lente, son más conscientes del peligro, de las alertas que producen una larga sombra, el inesperado giro de la manilla de la puerta y el sonido de las botas en una solitaria calle de noche. En la novela negra, la mujer explora esos sentimientos de manera segura. Paradoja o no, la estadística asegura que los hombres son más propensos a ser víctimas de delitos violentos que las mujeres y que estas no piensan en sí mismas como víctimas.

La novela negra es un medio para la metáfora. El lector es consciente de que la víctima, usualmente femenina, es “real” sólo en la superficie; la sensación de aniquilamiento perpetúa el cliché de la mujer como personajes secundarios en la sociedad, donde el hombre ocupa la primera posición por defecto. Pero la través de la novela negra las mujeres, acostumbradas a ser decorosas en la juventud e invisibles en la madurez, reciben permiso para expresar sus propios sentimientos indecorosos de ira, agresión y venganza, que reprimen en la vida real por temor a las repercusiones. La mujer asesinada en una novela negra representa la vulnerabilidad de ser carne de cañón, pero también simboliza la lucha para salir de abajo, con el fin de reclamar sus propias identidades.

No olvidemos tampoco que gran parte de la novela negra popular entre las mujeres cuenta con una protagonista femenina, generalmente fuerte aunque de apariencia descuidada en las formas, una mujer del tipo corriente. El lector se identifica con ella, como el autor pretende. No obstante, la protagonista no sólo resuelve el crimen; en sentido simbólico, a través de su persistencia y tenacidad, evita el destino representado por ese cadáver femenino que yace, sin vida y exangüe, tirado en un pasillo.

 

 

 

 

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