En un articulo reciente, Corey Robin aborda el cambio que se ha producido en los círculos académicos en relación con la escritura. Hasta hace bien poco, casi exclusivamente se orientaba a que los colegas o un reducido grupo de intelectuales entendiensen sus escritos, atufados de una jerga incomprensible para la mayoría de los mortales.

 

Se han producido cambios significativos en los hábitos de los académicos en relación con la escritura, facilitados por la aparición de las redes sociales. La jerga fue la perdición de la vida académica, si es que ha habido vida académica. Acabo de leer a Emmanuel Kant. quien se quejó de que la escritura académica de su día era "nada más ... que carros de palabras sin significado, extrañas y bárbaras."

 

 

Aunque las revistas académicas todavía cuentan con especialistas que escriben para especialistas, cada vez hay más académicos que escriben para un público informado, pero sin la formación exigible a un académico o investigador. Y esto sucede como nunca ocurrió en el pasado.

 

El Washington Post ahora alberga dos blogs, el Monkey Cage y el Volokh Conspiracy, donde los politólogos y juristas destilan los conocimientos académicos más recientes para el lector interesado en política y asuntos legales. The New York Times acoge un blog sobre filosofía. A principios de este mes, un diálogo sobre el ateísmo entre dos filósofos profesionales atrajo a cerca de un millar de comentarios. Una de las voces más importantes en MSNBC es la politólogo Melissa Harris-Perry, quien conduce un programa de fin de semana que se centra en cuestiones que rara vez se discuten en los medios de comunicación, y versa con regularidad sobre ciencias políticas, de manera crítica, para estudiosos de todos los colores.

 

Los intelectuales no sólo preparan ahora sus investigaciones en pedazos digeribles por todos los públicos. Nos obligan a pensar más allá del límite de cada día, al formular preguntas que nadie se hace. Son una invitación al exceso imaginativo y a la ruptura de la corrección política. Los expertos académicos en los medios de comunicación nos dan seguridad con su autoridad; y los jóvenes intelectuales de las pequeñas revistas nos hacen pararnos a cavilar. Todo es posible, gracias al bajo coste de las revistas online y las redes sociales.

Sin embargo, los mismos aspectos económicos que hacen posibles que existan pequeñas revistas y blogs, también los hacen insostenibles. Muchos de estos puntos de conexión de los intelectuales con el público se basan en el trabajo voluntario o casi libre de los escritores, estudiantes universitarios o profesores, con gran dependencia de becas y ayudas para poder sobrevivir.
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