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28 Febrero

JESÚS FERRERO

 Y al principio fue Bélver Yin...

 
La figura literaria de Jesús Ferrero se agranda año tras año; tras más de cuarenta de profesión puede ejercer, con todo derecho, el magisterio literario que muchos le reclaman y que su reticencia a la exposición pública le impulsa a limitarlo a un círculo cercano. Sin embargo, es uno de los autores de más influencia en la literatura española contemporánea.
 
Una "Carta abierta a Jesús Ferrero" publicada hace unos años con un toque peyorativo hacia el autor por motivos estrictamente editoriales, debido a la publicación homónima de un título perteneciente a la producción mexicana, puede servir de punto de partida para comprender el alcance de la obra de Jesús Ferrero. En dicha carta se puede leer:
 
Este caso es un buen ejemplo de los extremos a los que ha llegado el aislamiento cultural entre los países de habla hispana. En ambos lados del Atlántico, algunos escritores, críticos y editores con interés por ver mas allá de nuestras narices hemos luchado desde hace tiempo contra esta tendencia autista de nuestras culturas nacionales. Pero por desgracia, la gente que más interesada debería estar en favorecer el intercambio cultural en el mundo iberoamericano tiende a enterrar la cabeza en el suelo para no ver nada de lo que sucede fuera de su país. Tengo la fortuna de ser un escritor muy leído y comentado en el país de lengua española con mayor número de habitantes. Supongo que Ferrero no hubiera publicado un libro con ese título si hubiera conocido la existencia del mío. Pero ni él ni su agente, Carmen Balcells, tuvieron la curiosidad de asomarse al internet para conocer los títulos de las novelas publicadas recientemente en el patio del vecino
 
Al contrario de lo expuesto por el autor mexicano, y con el que se puede coincidir en los trazos gruesos que dibuja un escenario de aislamiento cultural, de distintas literaturas con el mismo idioma, Jesús Ferrero aportó una voz diferente y renovadora con su Bélver Hill, por su capacidad de sortear el aislacionismo cultural que pesaba sobre la narrativa española de su tiempo.
 
Eso salió por mi condición de extranjero, como hijo de emigrantes españoles; que nunca acabamos de tener una patria, y no se sabe si eso es una bendición o una maldición. El hecho de que me había educado en Francia, al menos parcialmente, que había comprendido el nouveau roman y el estructuralismo, cosa que mis compatriotas no habían entendido, y que me había acercado con cierta profundidad a otras literaturas; todo eso cayó sobre mi y dio origen a la novela; hasta ese momento me había resignado a ser un poeta porque creía capaz de sostener una narración de largo aliento
 
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Ambientada en la China de los años 30, refinada y sensual, la novela es la historia de Bélver Yin - el Hermano Femenino- y Nitya Yan - La Hermana Masculina-. Belver Yin son dos mellizos sietemesinos. Desde muy pequeños se han necesitado y complementado el uno al otro, como el Yin y el Yan. Como dos miembros de un mismo cuerpo, por lazos indisolubles, cara y cruz de un único ser y símbolo sagrado de la unidad. El padre de Nitya, comerciante de opio, la da en matrimonio a un europeo y Belver va con ella como aprendiz en la empresa de su cuñado. Cuando Nitya descubre que su marido tiene una aventura con un hombre, lo abandona, y huye junto a Belver a Shangai. En Shangai empieza una nueva vida para los dos, al meterse en una secta llamada Nenúfar Blanco, que está en contra de todo lo europeo y extranjero.
 
"Con esta novela, cargada de sutileza y de un toque minimalista, Ferrero comenzó una trayectoria novelística caracterizada por lo arriesgado de sus propuestas y un constante cambio en el fondo y la forma con cada nueva entrega. Las relaciones incestuosas, los contactos homosexuales, el travestismo confieren el ruido de fondo a un texto que va más allá de una moralizante fábula oriental. Es una historia trágica bañada por lo exótico de las descripciones sobre un universo, que acaba transformándose en un infierno para todos los seres que pueblan estas líneas."  (Gorka Elkoreka)
 
Durante la transición y primeros años de la democracia, la novela española vivió una larga etapa de atonía y desconcierto. En este contexto de incertidumbre y desánimo la primera novela de  Jesús Ferrero fue recibida como un libro rupturista que abría nuevos caminos y señalaba a un escritor versátil, tanto en los asuntos como en los procedimientos formales. Durante los años 60 y primera mitad de los 70 la novela española, limitados los recursos temáticos por el control de la censura, incorporaba los avances formales y cambios habidos en las literaturas extranjeras desde los años 20. Se desarrollaba un tipo de alta literatura para entendidos e intelectuales. La muerte de Franco y la instauración de la democracia en España arrinconan la tendencia hacia una narrativa experimental y especializada y se recupera lo que se consideraba literatura popular: novela negra, rosa o de aventuras, además de la novela histórica o de memorias que los tiempos políticos marcaban como necesarios para la recuperación de la memoria histórica.
 
La novela está dividida en infinidad de capítulos breves como si fuesen instantáneas que resumen un hecho.   En aquella época tendía al minimalismo. Me gusta un sistema secuencial, cortante y significativo. Cuando se publicó el libro, se estaban haciendo novelas de monólogos interiores, sin capítulos... Eran novelas magma. La viscosidad es lo que mejor las definía y eso no implica que fuesen malas. A mí me apetecía dar cortes y afirmarme en una narración de línea más clara, más nítida.
 
"Bélver Yin era un libro radicalmente distinto en su luminosidad nítida y en su lírica concepción. Nada que ver con la dialéctica franquismo/antifranquismo o con la puritana y parca rigidez que constreñía las tediosas polémicas pretendidamente progresistas en una España tan apartada durante tantos años de su contexto europeo como alejada del ámbito enriquecedor de su propio idioma que suponía el lenguaje renovador y rupturista de la gran literatura hispanoamericana" (Angel Rodríguez Abad)
 
Salió porque salió, al margen de presupuestos de ningún tipo. Con la primera novela, lo que quieres es saber si eres capaz de contar una historia. Si hubo rupturas fue de forma natural; creo que fue una ruptura en la mirada, respecto a la interioridad misma de los personales. Había en Bélver Yin una especie de objetividad idealista en el trato de los personajes; en ese narrador que se implicaba mucho y que a la vez era cada vez más distante; en esas actitudes, a veces hiperrealista y a veces tremendamente fantástica, pero que te apartaba completamente de lo que se solía hacer en España. Una novela plenamente lírica en muchos aspectos, y en otros tremendamente deudor del cine, del expresionismo alemán, el más luminoso, que pudo sorprender. Lo que más sorprendió fue el tratamiento moral de los personajes, el que apareciera una sexualidad sin culpa, que los personajes masculinos y femeninos aparecieran muy nivelados. Esto me salia porque si, sin un planteamiento moral a priori. La moral de un texto la crea el propio texto.
 
Para mí es literatura todo texto que obliga a intervenir al lector. Los vacíos que debe llenar el lector tienen que ser estratégicos, y además, la narración necesita de un tempo, una cadencia, un suspense y hasta una intriga para que esa experiencia del lector haya servido para algo, no sea simplemente un entretenimiento, una lectura sin más. postimg
 
La novela pasaba desapercibida, hasta que salió la crítica de Rafael Conte ( la calificó como "la primera novela más sorprendente, espléndida y fascinante de los últimos lustros de la literatura española"). Funcionaba un poco como en la sombra. La gente se habia identificado mucho con la novela. Era una novela ideal para que uno se la dedicara a su novia. Era lo suficientemente excitante y tentadora para que incluso incitase a hacer cosas que no se habian hecho nunca. Eso es también literatura. También la literatura despliega un nuevo modo de ser un nuevas costumbres sociales y sexuales. La literatura las suele adelantar antes de que aparezcan como plenamente sociales. Yo de hecho no tenía la culpa.
 

 

Fuentes principales:

Jesús Ferrero en conversación con Santos Sanz Villanueva - Fundación Juan March (2010)

La edad de oro - RTVE (1985)

Eros y Gnosis: La dimensión simbólica en la narrativa de Jesús Ferrero - Angel Rodríguez Abad (Revista Hispano Cubana nº 10)

Parece una novela más maligna con el tiempo - Gorka Elorrieta

Aproximación a Bélver Yin de Jesús Ferrero - Ramon Pedregal Casanova (Crítica Literaria Marxista)

Carta abierta a Jesús Ferrero - Enrique Serna Nov. 2005

 

21 Febrero

TOM WOLFE

La publicación de su última novela Bloody Miami, ha devuelto a la palestra a Tom Wolfe, escritor norteamericano reconocido por su aportación al periodismo, también en el plano de las ideas. Su antología “Nuevo Periodismo” publicada en el año 1973, fue el punto de partido para la discusión sobre el papel del periodista en la sociedad actual y, sobre todo, para la concreción literaria de su rol en un nuevo género, a medias entre el simple reportaje y la novela.
 
Tras sus estudios universitarios, incluido un doctorado en Estudios Americanos por la Universidad de Yale, se dedicó de pleno al periodismo cuando su práctica en un diario pequeño le cautivó. “Todas las personas en este país que empezaban en la universidad con la intención de ser un escritor serio, la novela es la única meta. Era la cosa más seria, el logro más codiciado. Pero, para mí, en un momento determinado el periodismo se convirtió en algo muy interesante y me dediqué a eso”. Entre 1959 y 1962, trabajó en The Washington Post como cronista de la ciudad. Siguió escribiendo como freelance para la revista Esquire y fue creando en ese tiempo su estilo propio, que terminó siendo el paradigma del Nuevo Periodismo, básicamente la escritura de reportajes periodísticos con estilo literario novedoso.
 
Los vaivenes de la fortuna y los cambios sociales y tecnológicos ha hecho que la redacción de noticias se haya convertido ‘de facto en la literatura de nuestro tiempo’, que es utilizada tanto para proporcionar información al público, como para su entretenimiento. Este fue el punto de partida de Wolfe junto con otros escritores como Truman Capote, probablemente el precursor del nuevo género, para fomentar una vía intermedia entre ficción y periodismo, con límites difusos entre el informe documental y el concepto moderno de narrativa, cuyo amplio espectro trata de reflejar la realidad cambiante que el espectro de narrativas que surgen de la combinación de las manifestaciones de la conciencia y la experiencia fenomenológica.
 
La antología de Wolfe “El nuevo periodismo” dio un vocabulario a los métodos y técnicas practicadas por los escritores de la nueva forma literaria. La definición de Wolfe actuó como punto de partida para escritores como James Murphy, John Hollowell, Ronald Weber y Norman Sims, que la ampliaron y la modificaron, si bien manteniéndola dentro de los confines de los principales presupuestos de Wolfe acerca del estilo, la metodología y el potencial de la nueva forma.
 
Además, con la propuesta de escribir “literatura” como forma opuesta al mero informe periodístico Tom Wolfe podía experimentar la satisfacción y orgullo de una misión considerada de mayor nivel y más noble. Mientras que la misión del periodismo convencional era fundamentalmente informar y permitir el juicio objetivo mediante la aportación de un rango específico de datos, a menudo inexactos e incompletos, Wolfe se interesaba en establecer una interpretación de la verdad en sentido amplio, ejerciendo un tipo de reportaje imaginativo.
 
La renovación periodística del Nuevo Periodismo se sustentó en dos bases claves. La primera de ellas es la dimensión estética que bebe de las técnicas narrativas de ficción, entroncadas con el realismo. Los recursos más efectivos en la escritura del Nuevo Periodismo son la reconstrucción escena por escena de la historia, con descripciones muy detalladas, en contraste con una narración conclusiva que resalta la parte final; el uso de extensos diálogos de gran realismo, que proporcionan múltiples puntos de vista y no solo el del autor; y el dibujo del estilo de vida de los personajes incluyendo incluso símbolos no verbales y el uso de lenguaje urbano.
 
La segunda base del Nuevo Periodismo es la dimensión investigadora, en la que el periodista trata de manejar la mayor información posible, salir a la calle y procurar estar en el lugar de los hecho, en los que se aplican criterios de precisión, verificación y objetividad. Recuérdese que Truman Capote escribió en 1966 A sangre fría, su trabajo más celebrado, una non-fiction-novel publicada tras 5 años de intensa investigación. En la preparación de sus trabajos acumuló Tom Wolfe, durante años, notas, bocetos y borradores, cuadernos llenos de entrevistas y gran parte de su correspondencia, unas diez mil cartas desde 1955 hasta la actualidad, que permiten documentar exhaustivamente cómo evolucionó el escritor y, sobre todo, las innovaciones que Tom Wolfe desarrolló en la metodología del Nuevo Periodismo.
 
La Biblioteca Pública de Nueva York (NYPL), adquirió a finales de 2013 los archivos de Tom Wolfe, que pasa a formar parte del rico fondo literario de la Biblioteca. De esta forma, se «proporcionará una ventana a través de la que acercarse a los estudios más amplios de la literatura, el periodismo, la cultura, la política y la vida en la ciudad de Nueva York» según el director de la biblioteca. 
 
El legado contiene también dos borradores originales de La hoguera de las vanidades, su primera novela (1987). Tom Wolfe, es el autor de cuatro novelas entroncadas con el realismo dickensiano que retratan a los Estados Unidos en toda su magnitud, dando importancia al entorno social de sus personajes como medio para explicar sus ideas y conductas, explorando los temas de sexo, género raza, inmigración, dinero e tendencias ideológicas como elementos que actúan de forma contradictoria a la vez de divisores e integradores de la sociedad estadounidense.
 
A La hoguera de las vanidades siguió Todo un hombre (1998), Soy Charlotte Simmons (2004) y ahora, Bloody Miami (2013). De Tom Wolfe se dice que es “uno de los escritores más notables de la América de la posguerra por su estilo único e innovador, así como sus observaciones perspicaces y agudas”.
 
El protagonista en La hoguera de las vanidades es un asesor financiero, una estrella entre sus colegas de una firma de brokers, que se ve sometido dificultades jurídicas, matrimoniales y económicas cuando se pierde por las calles del Bronx neoyorquino. La desorientación se produce cuando se desplaza con su amante, recién llegada de fuera, hacia su lugar de encuentro privado. La narración le da pie para describir Nueva York, con todos sus esplendores y todas sus miserias.
 
Charlie Croker, en Todo un hombre, es el dueño de un imperio inmobiliario de Atlanta, que solicitó un crédito bancario que no logra pagar. Acosado por la entidad bancaria, Croker, que sufre el acecho de la vejez a sus 60 años, recorre un largo calvario en el que le acompañan el abogado negro Roger White II y el joven Conrad Hensle, uno de sus empleados. La extensa novela da lugar a una cruel y feroz crítica al poder establecido y a la arrogancia de la riqueza.
 
Con Soy Charlotte Simmons, Wolfe aborda el mundo de las universidades de élite. Charlotte Simmons, una brillante estudiante de pueblo, obtiene una beca para estudiar en la prestigiosa Universidad de Dupont. Pronto abandona el candor pueblerino para comprobar que el sexo, las drogas y el alcohol desempeñan un papel mucho más destacado que el saber y los libros de texto en la universidad americana de los “elegidos”. Wolfe aprovecha también la trama para exponer con visión crítica los conflictos de raza y clase en la sociedad americana.
 
De los grandes escritores estadounidenses vivos que trazan su linaje desde Melville y Twain, desde London y Dos Pasos, desde Hemingway y Faulkner, y hasta Truman Capote y Hunter S. Thompson, ¿quién se mantiene aún de pie en el ring, luchando ambiciosamente por la caza del Gran Premio –más elusivo que la Ballena Blanca que arrastró al abismo a Ahab y su tripulación–: la Gran Novela Americana? Hay sólo una respuesta: Tom Wolfe”. (Andrés Hax)
 
Ahora, Wolfe cambia de escenario en Bloody Miami. Se trata de otra novela coral, Wolfe organiza su novela por grupos de personajes que provienen de entornos sociales muy diferentes entre sí y a los que retrata con enorme riqueza de detalles: un joven policía cubano que convierte en un traidor para su comunidad, la novia que prefiere liarse con otro, un millonario adicto a la pornografía, un joven periodista que busca reconocimiento, un inversor ruso probablemente de la mafia y una galería de personajes con los que Wolfe describe una ciudad dominada por los cubanos. Afirma Wolfe que “Miami es la única ciudad de América, y quizá del mundo, donde una población venida de otro país, de otra cultura, con otra lengua, se ha hecho dueña del territorio en sólo una generación, y lo demuestra en las urnas, y en el posterior ejercicio del poder”.
 
Aunque sus tres novelas anteriores han sido best-sellers no han escaseado las críticas, especialmente entre sus propios compañeros de profesión, como John Updike, Norman Mailer y John Irving quienes afirmaron que los libros de Tom Wolfe son puro entretenimiento, no literatura. El propio Tom Wolfe reconoce el papel secundario de la ficción en su obra literaria: sospecho que mi obra de no-ficción al final es más importante, desde el punto de vista literario, que mis novelas. En un gesto que caracteriza al personaje, Wolfe respondió a las críticas con un ensayo llamado Mis tres chiflados satirizando a sus tres atacantes. Una secuela de dicho ensayo son las manifestaciones en relación con los autores norteamericanos de ficción.
 
La novela americana ha muerto.
 
El problema es que la formación de los años veinte y treinta era esencialmente francesa, y los franceses nunca han valorado el realismo del mismo modo que los escritores americanos. Se admiraba a Rimbaud, a Baudelaire autores díficiles de entender que implicaban un esfuerzo y que, por lo tanto, te situaban en un plano superior si los entendías. Después de la Segunda Guerra Mundial todas esas cosas como el realismo mágico llegaron a la literatura americana. Y ahora tenemos la novela psicológica, con autores mirándose a sí mismos en vez de salir a la calle, donde están las historias de verdad, y hablar con la gente.
Soy fundamentalmente periodista. Incluso como novelista, soy periodista antes que nada. Pienso que todas las novelas deberían ser periodismo para comenzar, si puedes ascender desde la base hasta esta maravillosa y terrorífica altura. No creo que sea posible entender al individuo sin antes comprender a la sociedad. Página 2 (RTVE) (Pulsar en imagen)Página 2 - Wendy Guerra
 
Finalmente, un aviso para navegantes: Sería complicado para mí si comenzase ahora como escritor. Cada vez es más difícil, porque cuesta más hacerse un nombre. ¿Sabría decirme el nombre de los cinco mejores escritores de blogs? Pues ahí está la respuesta. Además, ahora todo el mundo quiere hacer lo mismo: escribir para la televisión y hacer los guiones de «Los Simpson». Y yo, la verdad, no quiero tomar parte de algo en lo que no puedo ser nombrado o identificado. Es vanidad, sí, pero la mayoría de la gente que escribe no lo hace por dinero, sino para hacerse un nombre
 

Fuentes principales:

Millonario legado- Inés Martín rodrigo

Tom Wolfe in California- Michael Anton

New Journalism - Maitrayee Basu

Ensayo - Richard A. Kallan

La novela seria está muerta -Andrés Hax

Reseña - César Coca

 

9 Febrero 2014

WENDY GUERRA

Actriz y escritora -poesía y ficción-, además de cineasta, cuenta con varias novelas en su haber: Todos se van (2006), la más laureada de las tres; Nunca fui Primera Dama (2008), Posar desnuda en La Habana (2011), y Negra (2013). Sus novelas componen un poderoso retrato generacional de los nietos de quienes vivieron la revolución cubana. En relación con sus obras de ficción, ella "cree haberse ganado el derecho a reflotar ese realismo mágico que todos llevamos dentro. Mi país es de realismo mágico".
 
Todos se van es una obra que consiguió posicionar a Wendy en un escalón de prestigio en el ambiente literario. Se trata de una novela publicada en forma del diario íntimo de Nieve Guerra (un alterego de la autora) y se encuentra dividida en dos partes: el diario de la infancia y el de la adolescencia. En esta novela se reflejan los cambios y los problemas, adheridos al crecimiento físico y emocional de una niña. Es un diario tierno y desgarrador, escrito sin pudor y en la más absoluta crudeza, como la mayoría de lo que ha escrito Wendy. 
 
Posar desnuda en la Habana está basada en una historia real que desgrana la búsqueda de identidad y el crecimiento personal de la escritora Anaïs Nin. Se trata de una novela biográfica, un “diario novelado”,donde la autora especula con lo que pudo ocurrir durante aquel año de estancia en Cuba, 1922. En ese periodo, Anaïs Nin, que entonces tenía 19 años, solo escribió nueve cuartillas de su Diario, material que Wendy Guerra también intercala en la novela. A partir de aquel diario escrito por Nin en Cuba, Wendy Guerra proyecta un Diario Apócrifo, intentando llenar los vacíos o ficcionando a partir del silencio de la narración original escrita por la francesa.

Daniel Zanetti afirma que la tesitura alcanzada por Nin en sus diarios, la profundidad, el distanciamiento de lo cursi y una melancolía inmanente y tan propia no son tarea fácil: “Escribo, escribo como si granizara, y es esencia, es arroz de novios lo que me llueve sobre el papel, la tinta falla y se estrella en los granos, mientras me deshago en lágrimas lilas”.

Su última novela, Negra, es la historia de una hermosa modelo negra que rompe convencionalismos. Es una historia donde la religión, la magia y el sexo son protagonistas. Un libro que utiliza "el lenguaje musical de lo afrocubano" para hablar sobre el racismo y la negritud.
 
Lo importante es hablar de las cosas. Hay libros muy bien escritos que no hablan de nada. Yo quiero que haya contenido.
 

Página 2 (RTVE) (Pulsar en imagen)Página 2 - Wendy Guerra

postimg Foto de Daniel Mordzinski
 
Si bien es cierto que en nuestro país Wendy Guerra es más conocida como escritora de novelas, a lo largo de su trayectoria literaria tiene en su haber la publicación de, por lo menos, tres volúmenes poéticos: Platea oscura, Cabeza rapada y Ropa interior.

De Cabeza rapada se decía que contenía versos frívolos; que era un cuaderno coqueto, empeñado en seducir todo el tiempo. La profesora había hecho un descubrimiento, pero le holgaba. "Versos frívolos, en efecto, que captan la otra dimensión de lo histórico: la heroicidad gélida. Palabras que certifican lo esencial humano; revelaciones que se dan en la sala de la casa, no en el cuartel; en el labio, no en el puño; en el horno, no en la trinchera".

Ropa interior es su último poemario, publicado en 2008. Los 43 poemas que contiene el poemario reflejan su anhelo de crear un mundo poético total. La poesía de Wendy Guerra de resonancia erótica trastorna y juega con el género poético.Adquiere una dimensión polifónica característica de la novela. Sin ser una poesía narrativa como los Petits poèmes en prose de Baudelaire que buscaba "una prosa poética musical sin ritmo y sin rima, bastante suelto y bastante dolido para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones de los sueños, a los sobresaltos de la conciencia", a través de las numerosas transgresiones a las formas tradicionales de la poesía, el poemario Ropa Interior se inserta en el cuestionamiento contemporáneo sobre la noción de género literario.

Ropa interior abreva en lecturas de Anaïs Nin, francesa pero hija de cubanos y muy signada también por la isla. De una manera explícita –el epígrafe recupera la anécdota de sus cartas donde Anaïs cuenta que un editor le dijo: “Madame, llévese toda su ropa interior, no nos interesa su libro”– y de una forma implícita con “Lo peor del incesto”, poema que cierra el libro y hace acordar mucho a la autora obsesionada por su padre. Entre los poemas de este libro:
 
DESDE POMPEYA

Te hice el amor de espaldas boca abajo
metida en la fuente del volcán dorado en el escorzo
Me abrí la blusa y te ofrecí los higos con mi boca
mis piernas en tu cuello y mi sexo grabado sobre el texto
cenizas en el pelo sustancias derramadas sobre el fuego
la isla arde y quedo presa
Menos mal que te hice el amor de espaldas boca abajo
y que dormí en tu fuerte de volcán dorado y que los
higos
te los di en la boca
porque de Pompeya nunca fue fácil escapar.



Exceso de equipaje
Si me dejaran llevar todo lo que extraño
Si me dejaran cargar la isla y el milagro
No tendría a dónde regresar.
No volvería a mí
Ni a tus recuerdos.
 
Además de los temas que propone en la ficción y su tratamiento literario, la atracción que ejerce Wendy Guerra es su incardinación en su país. Es paradójico que sus libros no sean editados en Cuba; la visión cosmopolita, moderna y abierta que proyecta en su imagen pública internacional no se compadece con sus declaraciones, a veces contradictorias, sobre las vivencias de un escritor en un país sometido a control estatal. La lectura de declaraciones "dentro y fuera" permite atisbar diferencias no sólo semánticas sobre Cuba y los cubanos, sino que provoca continuos desmentidos a declaraciones que son "malinterpretadas". Léase, en cualquier caso, la posición de cubanos exiliados sobre la escritora y sus mensajes.

 

Fuentes principales:

Wendy Guerra habla de su novela sobre Anaïs Nin

El juego de los géneros en Wendy Guerra - Lucie Dudreil

Video - Presentación de Negra

Wendy Guerra - Emilio Ichikawa

Reseña de Posar desnuda en la cama - El Estandarte

Wendy Guerra:Posar desnuda en La Habana - Gabriel Zanetti

Guerra al silencio - L. Santiago Méndez

Los pasos hacia atrás - Walfrido Dorta

 

6 febrero 2014

JOHN BANVILLE

Tan conocido o más que él en persona es su alter ego, Benjamin Black, nombre con el que firma su serie de novela negra y con el que colabora de forma independiente en actividades literarias. 

A media tarde, cuando estoy algo cansado, el tal Black se acerca a Banville y empieza a darle con el boli, venga, venga, rapidito, aligera. Otras veces es Banville quien se acerca y dice: mira, Black, ésta parece una frase interesante, vamos a jugar un poquito con ella

La vida le ha proporcionado éxitos tan importantes como los premios Franz Kafka (2011), Leteo (2013) y Austríaco de Literatura Europea (2013) entre otros muchos. Ha sido definido muchas veces como un «escritor para escritores», un magnífico premio virtual para su carrera literaria iniciada en 1970. Banville se acerca a los setenta años. Nació en Wexford, en el sureste de Irlanda, de una familia modesta. Con veinticico años publicó su primer libro, la colección de cuentos Long Lankin,y cada tres años más o menos sale de su pluma, trece bajo su propio nombre y, más recientemente , tres bajo el seudónimo de Benjamin Black. Después de sus primeras novelas, salieron dos trilogías celebradas por la crítica: la primera, Doctor Copérnico (1976), Kepler (1981), y La carta de Newton (1982), se centró en estos científicos; y en la segunda, con El Libro de las pruebas (1989), Fantasmas (1993), y Athena (1995), tomó el mundo del arte como su piedra de toque. El Libro de las pruebas también fue preseleccionada para el premio Booker, un premio que Banville ganó en 2005 por su novela El mar. Banville ha trabajado como periodista desde finales de 1960. Más tarde trabajó como editor literario de The Irish Times y sigue colaborando como prolífico crítico literario para The Guardian y The New York Review of Books.
 
"Desde cualquier punto de mira, El Libro de las pruebas es la obra más indispensable de todo el corpus de Banville: cualquier mirada retrospectiva a su carrera en última instancia, debe comenzar y terminar con esta novela. Aunque tal vez más influenciada que influyente, no obstante puede ser aclamada como una de las mejores novelas en inglés de finales del siglo XX. Para todos, la complejidad intelectual de sus temas es también la precursora notable de sus libros Benjamin Black, y su legibilidad demuestra la notable capacidad de Banville  para llegar también a los mercados más exigentes. Para el autor, la novela en sí trajo la atención sin precedentes de la crítica, amplió su atractivo popular considerablemente y cimentó su reputación como el mejor escritor de prosa irlandesa desde Beckett (aunque el estilo del libro deba mucho más a la influencia de Nabokov). Dentro del panorama de la ficción irlandesa , es una obra que incorpora temas de cosecha propia en línea con la tradición literaria de su tierra, como la política de la violencia, los trastornos de la identidad cultural y el problema del lenguaje , así como apunta hacia una nueva etapa de desarrollo en el débil pulso débil, pero sin embargo discernible, de la tradición idealista de la novela filosófica irlandés" (Eogham Smith) .
 
John Banville vs Benjamin Black 
 
Juan Villoro aventuró hace tiempo una justificación para su decisión de desdoblamiento literario: "Mientras se mantenía a flote gracias a las fatigas del periodismo, Banville se convirtió en el original narrador de El libro de las pruebas, El intocable y El mar. Sus libros cautivaron a la crítica, pero no al gran público. Esto explica parcialmente que firmara un contrato para escribir novelas policiales. Sin embargo, había algo más en ese gesto, la búsqueda de otra estética"."Es fácil pensar que Banville quería protegerse con un seudónimo al abordar un género popular. Más sugerente es pensar que quería asumir otro destino: necesitaba un heterónimo, alguien distinto, no sólo en su estilo, sino en su manera de ver el mundo. Black es veloz, directo, impaciente y compasivo. Su prosa es más tradicional que la de Banville, pero está al servicio de un personaje contradictorio, algo irresponsable, que se irrita y reconcilia con facilidad. Estos altibajos le dan sorprendente textura a los sucesos... Banville empezó como un autor casi anónimo. Con insólito tesón, se hizo de una voz propia. Ahora tiene dos voces, tan convincentes que uno sospecha que se odian entre sí".
 
Alguien me dijo que yo era John Banville pretendiendo ser Benjamin Black, pretendiendo a su vez ser Raymond Chandler. Lo más extraño es que no memoria de lo escrito, cuyo proceso olvido completamente...No sé quién es la persona que escribe los libros, no es ni siquiera mi persona, es otra versión de mí. Suena como pretensión y mitificación intencionada, pero es cierto. Con frecuencia, si volviera hoy a lo que escribí ayer me costaría reconocerlo. me parece que estoy trabajando puramente por instinto, dejando que las cosas sucedan. postimg
 
 
Banville desvela que sus escritos son esencialmente una manifestación del artista vital que lleva dentro: 

En mi decisión de dedicarme a escribir influyó el lenguaje. Las palabras. El mundo no es real para mí hasta que no pasa por la criba del lenguaje, y esto ha sido siempre así. También he tenido la maravillosa convicción, que los escritores tienen al principio, de que las posibilidades son infinitas. No me daba cuenta de lo difícil que iba a ser. Pensé que en de cinco o seis años yo sería un escritor en toda regla. Aquí estoy ahora, ya mayor, y siguo practicando con diligencia . Pero me encantó, y todavía me encanta, el oficio. Soy un grafómano. No puedo dejar de escribir. Si me encuentro con un margen de cuarenta y cinco minutos al final de mi jornada de trabajo, voy a recurrir a la adición de un par de frases a algo . Una de las razones que me encanta hacer periodismo - es decir, críticas y artículos literarios - es que puedo hacerlo rápidamente. Es para mí el placer de un artesano. La ficción no hace eso. La ficción es sólo un tormento constante, y un incordio. Aborrezco mi ficción. A veces, fantaseo que paso por una librería y que puedo chasquear mis dedos para que en todos mis libros fuesen páginas en blanco, en las que pudiera volver a empezar y hacerlo bien.

Cuando era un adolescente intenté pintar… pero no era buen dibujante. Descubrí que hay muchas formas de pintar, a través de las novelas también, igual que si lo estuviera haciendo sobre un lienzo. Escribir es un asunto muy raro. Te pasas semanas, meses, años… a solas en una habitación, contando sueños. Escribir es una forma de intentar conseguir que ese sueño se transforme en algo inmediato. La literatura tiene algo perverso, algo de onanismo.

Arte y vida

Hago muchos tipos distintos de literatura. Escribo manuales, piezas de teatro, piezas para la radio, escribo novelas negras (como Benjamin Black), y supongo que todo eso es una profesión. Luego está mi trabajo como el pobre "Banville", que intenta ser un artista y eso sí que no es una profesión. Es mi vida, es como respirar.

Henry James decía: “Que el arte sea la vida”. El arte es un proceso caótico y extraño, como la vida misma. Por cada Hitler hay también un Beethoven. Estar vivos ya es en sí una aventura extraordinaria. Y a través del arte podemos expresar esta maravilla de estar vivos. Sin embargo hay que mantener en mente el sentido de las proporciones. No creo en los grandes hombres. Hay muchos hombres pequeños o mediocres que se sienten grandes. Yo me considero una persona humilde y sencilla.

Joan Acocella escribió en The New Yorker que uno percibe como si John Banville hubiese escrito siempre una larguísima novela. "La herida existencial que producen sus obras les impide el vuelo narrativo, pero las atrapa para que mejor contemplemos su belleza. Al fin y al cabo es sabido que la grandeza de Banville reside en su prosa límpida, armada frase a frase con maneras de orfebre, más que en la primicia u originalidad de sus tramas".

 

Fuentes principales:

Imagining the others - Eogham Smith

El otro Banville - Juan Villoro

Interview - Belinda McKeon

John Banville y Benjamin Black frente a frente - Eloisa Otero (entrevista)

<Reseña - Conversaciones en la biblioteca

 

4  de Febrero 2014

MOONLIT LANDSCAPE WITH BRIDGE de Zadie Smith

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La escritora Zadie Smith ha publicado recientemente en New Yorker el relato corto  Moonlit landscape with bridge , cuya lectura se recomienda, y que inmediatamente ha recibido la atención de los lectores y críticos. No siempre favorables éstos a Zadie Smith, al menos sin el aplauso unánime, de la que se valora más su capacidad de crítica que sus méritos literarios.
 
Es significativa a este respecto la opinión de Trevor en Mooks and Gripes :

    Siempre me he sentido con el paso cambiado cuando llego a Zadie Smith. Me gusta mucho su escritura, pero lo que he leído -que no ha sido todo- nunca me ha llenado completamente. De forma similar, esta pieza alude a una gran oferta y la leo con verdadero interés, sólo para sentirme ligeramente decepcionado al final: parecía estar explorando menos de lo que parecía al principio...

    He finalizado con la sensación del "¿eso es todo?". Aunque hay un montón de hilos entrelazados en este complicado trabajo, en última instancia parece bastante simple: he aquí un hombre que abandona su país para irse a París. Él es horrible,... y esa es toda la historia.

Una historia que refleja las últimas horas del Ministro al abandonar su país, a su gente y su propia casa para irse a un lugar más seguro, París, donde se reunirá con su mujer e hijos. Un desastre natural, un huracán o un tifón, quién sabe, ha destruido gran parte del país, y las denuncias sobre la incapacidad del gobierno para atender a los supervivientes se incrementan, a la vez que los actos de pillaje se suceden entre la población. Como Zadie Smith reconoce, es un relato basado en el desastre ocurrido en Filipinas el año pasado.

Da la impresión que se ha excedido Trevor en la crítica. Sin duda, al relato se aleja de ser perfecto, en la medida que el ritmo de la historia es irregular y Zadie Smith recurre a trucos del oficio para mantener la tensión dramática, como los trazos gruesos del ambiente cargado de tensión en el que se mueven los supervivientes del desastre; los gestos de insensibilidad del político, incapaz de empatizar con el sufrimiento de los que se quedan, y sólo atento a guardar la respetabilidad política, que importa un rábano al resto de sus compatriotas en esas circunstancias. No repara la autora en cargar las tintas, en cada paso más negras, sobre el deplorable personaje del Ministro del que recuerda al final su pasado sangriento y su perfil más inhumano. En ese sentido, es un relato previsible, de principio a fin; como una historia de buenos y malos.

La lectura del relato es, sin embargo, recomendable. Basta con algunas ideas para convencernos, como la envidiable apertura con la que arranca la historia; la asociación entre Ministro y muerte es inmediata, así como se apunta hacia la falta de vigor moral del punto de mira del relato:

    El Ministro del Interior permanecía en mitad de la habitación, evaluando los tres trajes colocados sobre la silla. Uno era del azul pálido de un cielo mañanero; el siguiente, canela, de tela ligera, adecuado para estos terribles veranos; el último, un pesado tres piezas gris de estameña inglesa, para las visitas de estado. Estaban tirados uno encima de otro de cualquier manera, tres cadáveres en una pila.

Basta una pincelada más con la pluma de la escritora inglesa para que la bajeza consustancial del Ministro se muestre a las claras desde los primeros compases del relato:

    El Ministro dio un paso adelante y apretó al ama de llaves contra su pecho. La chica de sus fantasías eróticas se había desvanecido y en sus manos sostenía una vieja mujer, que podía confundirse fácilmente con su madre. Era dificil de creer que había sido una vez el dulce consuelo de la conmoción y aburrimiento que le produjo el primer embarazo de su esposa durante los meses y meses que duró, en este inolvidable clima y con tan difícil, y consentida, mujer.


También casi al inicio del relato, establece un paralelismo la escritora entre título y tema que permite atisbar la riqueza de materiales que maneja la autora:

    Tenía la fortuna que el cuadro más significativo en la casa también era el más pequeño: una miniatura de Van der Neer que, en su mezcla de agua y luz, le recordaba curiosamente a su ancestral aldea.

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El título del relato tiene el mismo título que el cuadro de Van der Neer, elegido junto con su marido en una exposición sobre pintura holandesa. Dice Zadie Smith al respecto:

Hay una teoría de que el exceso del capital en sus éxitos guerreros fue la causa de que los holandeses se dedicaran a comprar cuadros. Había más dinero que tierra en que gastarlo. En lugar de la tierra, el arte se convirtió en el lugar donde el capital está representado en sí mismo. Por eso hay esa extraña tensión en la pintura holandesa. Las escenas eran pacíficas, pero el dinero fue obtenido con sangre. Es como esa famosa cita de Benjamin: "No hay ningún documento de la civilización que no sea al mismo tiempo un documento de la barbarie."

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